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La Historia de mi radio

historia de mi radio

Mis primeros recuerdos de radio suenan a un altavoz que no era mío, sino de mi madre. A Luis del Olmo dando los buenos días a España cada mañana. Y unos años más tarde, a Gomaespuma revolucionando el país desde primera hora del día.

No sé en qué momento cogí por primera vez un micrófono para jugar a hacer y ser radio. Tampoco recuerdo cuándo y quién me regaló mi primer aparato: Un radiocassette azul de esos que gastaban pilas de las gordas como si no hubiera un mañana. Cassette, AM y FM. Y aquella rueda mágica me descubrió un lugar donde hacían radio para niños y adolescentes, algo que ya ha caído en el olvido. Mi primera radio, como oyente, se llamó Onda Mini.

Onda Mini era el sonido de mis tardes de deberes, que muchas veces se quedaban sin hacer porque yo estaba a otras cosas más importantes. Como escuchar lo que contaban por la radio. Me quedé sin su carnet de socio – no sé por qué nunca me llegó – pero con el recuerdo de muchas horas disfrutando su música y con la pena del día en que la sustituyeron por Europa FM en el dial de Madrid.

En aquel momento descubrí la Cadena SER, tremendo cambio. Las noticias a primera hora con la voz de Iñaki Gabilondo, el “boing” de Hora 25 con Carlos Llamas y dormir cada noche con José Ramón de la Morena. Alguna vez, si el sueño fallaba a la cita, sonaba Hablar por Hablar. Y los fines de semana, bicicleta arriba y bicicleta abajo, sonaban a “Carrusel Deportivo” con Paco González y Pepe Domingo Castaño.

Por primera vez en mi corta vida radiofónica, probé lo de hacer zapping. Y comencé a descubrir otras emisoras. Otros programas. Otras voces y formas de entender el medio.

Mi radio comenzó a sonar a La Jungla, a José Antonio Abellán y los suyos haciendo vete tú a saber qué cada mañana. Y si el dial no se movía de su sitio antes de salir de casa, Conservas Escalada recogía el testigo de mis tardes de estudio. Y a través de mi padre, en algún momento, descubrí el ¡Ya te digo! de Alfonso Arús y Albert Lesán en las madrugadas de Onda Cero. Con ellos llegó a mis oídos Juan Antonio Cebrián con su Rosa de los Vientos y sus historias de madrugada. Y los últimos años de José María García en las ondas. Y de nuevo Abellán: No tanto por El Tirachinas en sí – De la Morena seguía contándome el deporte cada noche – sino por El Radiador, la fantástica sección que el Grupo RISA (que aún no se llamaba así) nos regalaba cada noche.

Poco tiempo después comencé a estudiar Comunicación Audiovisual. Y a hacer mis primeros pinitos radiofónicos en Radio Enlace como técnico de sonido de un programa musical. En aquella época, vete a saber por qué, yo quería ser director de cine. Pero cuando me senté en un estudio de radio ya nunca quise salir de allí. Allí descubrí – han pasado casi quince años – Solos Ante el Peligro, un programa de humor que admirablemente continúa aún en antena. El gusanillo continuó con vida en la productora de radio de mi universidad, donde hacíamos un programa semanal para Radio Villalba. Mientras tanto, mi radio no dejaba de sonar.

Quizá por los años del ¡Ya te Digo!, Onda Cero se había quedado bien memorizada en mis transistores. Con ella llegaron a mis oídos Carlos Herrera, las tardes de Gomaespuma, Carlos Alsina cogiendo la riendas de la noche y se mantenía, por supuesto, Cebrían con sus relatos y leyendas. Se asomaron también Luján Argüelles en las madrugadas y José Luis Salas y El Monaguillo cuando el sueño no hacía acto de presencia.

Los estudios me llevaron a mis primeras prácticas – apenas un mes – en la Cadena COPE. Fue en Al Sur de la Semana, donde Paloma Serrano, Mario Ordóñez y José Antonio Alonso me enseñaron lo que era una radio de verdad. Y donde Ana Pastor me regaló una frase que después cumplí a rajatabla:

“Si tienes claro que la radio es lo tuyo, simplemente haz radio. No hay mejor forma de crear tu camino”.

La carrera me regaló dos años de asignatura de radio con Miguel Ángel Nieto y Consuelo Sánchez Vicente. Y el siguiente verano lo pasé en Onda Cero, aprendiendo a contar deportes con Ángel Rodríguez, Héctor Fernández, Felix José Casillas, José Luis Corrochano, Rafa Fernández, David Camps, Arancha Fernández, Esther Rodríguez y muchos más. Recuerdo todavía un consejo que me dio Raúl González Colomo, el productor de Javier Ares en Radioestadio:

“Si te quieres dedicar a la radio, tienes que escuchar de todo. Sobre todo lo que no sea tu propia emisora”.

Quizá Raúl tenga “la culpa” de que yo nunca haya sido oyente de las emisoras donde he trabajado. O quizá sea una forma de desconectar. Pero ciertamente nunca fui oyente, por ejemplo, de Punto Radio. Allí pasé tres etapas y cinco años con Alejandro Ávila y Rosa García Caro. O de esRadio, donde tuve el placer de colaborar durante apenas dos meses gracias a Vicente Azpitarte y hasta que el fútbol de Radio MARCA desembarcó en la emisora. Sí lo fui de Radio4G, teniendo a Abellán al otro lado de la puerta de su despacho y no del aparato de radio.

Durante estos últimos años mi radio ha sonado a muchas cosas. A todo tipo de emisoras musicales. Programas de deportes de la ESPN en Estados Unidos. Y los de aquí con Tiempo de Juego en la COPE. Podcast, mucho podcast. A Ración de NBA cuando salgo – salía – a correr. Las historias de La Escóbula de la Brújula. A las locuras de La Vida Moderna en la Cadena SER. Juan Carlos Ortega y sus noches surrealistas. A El Enganche, por supuesto, que para eso lo hacemos. Y a todo aquello que me recomienden y se gane un hueco en mis auriculares.

Porque la radio cuenta historias y acompaña la tuya día a día. Esta es la Historia de mi radio. Que no tendrá nada que ver con la tuya. ¿A qué suena la Historia de tu radio?

1 thought on “La Historia de mi radio”

  1. Es curioso que, sin conocernos, hayamos hecho prácticamente la misma ruta en el dial (yo con más dificultades, que soy de Corcubión). Y que hayamos coincidido después trabajando. Y que hayamos perdido la virginidad juntos. La radio y sus cosas.

    P.D: Quiero presumir de que el ¡Ya te digo! lo descubrí yo solito.

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