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“S-Town”: Y es que en España se hacen grandes podcasts.

s-town podcast

Llevo días leyendo reseñas y opiniones sobre el lanzamiento de S-Town, un nuevo podcast creado por el equipo que hay tras This American Life. Tras el éxito de su aclamadísimo Serial, el despegue de S-Town ha sido francamente bueno, con diez millones de descargas en apenas cuatro días. Un dato que algunos matizan apuntando que al haberse publicado los siete capítulos de una sola vez, hablamos del número de descargas de toda la serie y no de cada podcast.

Sea como sea, sigue siendo una barbaridad. Por mucho que en Estados Unidos haya más población, mayor público objetivo y una cultura de podcasting bastante desarrollada.

S-Town: Diez millones de descargas en cuatro días. Una barbaridad de cifras.

Dicho todo esto, quería escuchar por mí mismo si el producto final merece tanto bombo, tanto hype. Y me ha bastado tan sólo un episodio para sacar mis propias conclusiones.

La historia de S-Town, ciertamente, es potente. Cuenta cómo el presentador del podcast, el periodista Brian Reed, es contactado por un hombre llamado John, quien vive en un pequeño pueblo de Alabama al que califica como “Shit Town”. S-Town. Literalmente, un pueblo de mierda. Tanto por la localidad en sí como por las cosas que están pasando y nadie cuenta. Corrupción policial, abusos sexuales y hasta un asesinato. Y tras un largo tiempo, Brian decide lanzarse a investigar la historia, que poco a poco se irá complicando.

S-Town cumple a la perfección la máxima de que “el contenido es el rey”. Tiene una buena premisa, un desarrollo de la historia interesante y sin duda apunta, tras sólo un capítulo escuchado, a que va a dar muchos y buenos giros argumentales.

En S-Town, el contenido es el rey. Pero mi reflexión va más allá del propio contenido.

Mi reflexión va más allá del propio contenido. Sí, el contenido es el rey. Pero creo que esta historia puede contarse, o al menos en su inicio, de una forma completamente diferente. Este primer capítulo dura 52 minutos. Bastante tiempo para algo que, en principio, exige que mantengas un alto nivel de atención. Más aún si lo consumes fuera de casa, con todos los ruidos que interefieren en su escucha. Y tengo la sensación de que este podcast podía haber durado 20-30 minutos perfectamente. Contando la misma historia y acelerando el ritmo para hacerla mucho más atractiva.

¿Me estoy atreviendo a hacer una crítica a compañeros que han demostrado saber mucho mejor que yo cómo hacer un podcast de éxito? No exactamente. Porque la reflexión que me ha surgido al escuchar S-Town traía a mi cabeza la diferencia entre el modelo de radio español y el norteamericano. En España tenemos una gran y amplia cultura radiofónica, tanto en la parte de los oyentes como de los productores. Hemos estado a la cabeza del I+D radiofónico mundial durante décadas. Y eso ha llevado a que, hasta antes de que la crisis estancase y demoliese gran parte de los modelos creativos y de producción, en España se hiciera una de las mejores radios de todo el planeta.

El podcasting bebe de la tradición radiofónica, y en España tenemos una gran base.

Sin embargo en Estados Unidos – o al menos en la radio americana que yo he podido escuchar – el modelo es muy diferente. Todos hemos escuchado alguna secuencia en películas o series donde un locutor daba los buenos días a la ciudad de turno soltando un discurso larguísimo con una voz muy engolada. Y esa imagen se aproxima bastante a la realidad. La radio americana es un formato de largas reflexiones o conversaciones, muy poco dado a vestirse con músicas y efectos. (Hasta el momento en que deciden ponerlas sacando toda la artillería, como todo lo que hacen los estadounidenses).

Y este S-Town tiene, precisamente, esta característica. Largas conversaciones telefónicas, calculo que de hasta 10 minutos. Apenas hay presencia musical, cuento apenas 3 o 4 en todo el capítulo, incluyendo una música repetida. El ritmo, realmente, es lento. Y el capítulo, como decía, es extenso.

Si “el contenido es el rey”, en España se hacen grandes contenidos muy bien producidos. Al podcast español le falta rodearlo de una buena industria.

¿A dónde quiero llegar con todo esto? A que quizá el podcasting español no tenga nada, en absoluto, que envidiar al podcasting norteamericano. Desde luego sí en cuestiones de industria, de publicidad y de conocimiento por parte de los potenciales usuarios finales. Todo eso irá llegando con el tiempo y, sobre todo, con el trabajo de las partes interesadas. Pero creo sinceramente que a nivel de contenidos y de realización tenemos que estar muy orgullosos de los productos que se están haciendo aquí.

Qué pena que España no tenga 320 millones de habitantes como Estados Unidos. Otro gallo nos cantaría.

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